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RUPTURA FAMILIAR, PENSIÓN DE ALIMENTOS E HIJOS MAYORES DE EDAD

 

 

 

 Son frecuentes las consultas que se producen en los Despachos de Abogados relativa a la pensión de alimentos e hijos mayores de edad. Las preguntas en este ámbito son con frecuencia las mismas: ¿Hasta cuándo se paga la pensión de alimentos? ¿Hasta que el hijo tenga 18 años? ¿Y si sigue estudiando? ¿Tengo que solicitar al Juzgado que se prorrogue la pensión cuando el hijo cumpla los 18 años? ¿Tengo que pedir al Juzgado que se extinga el pago de la pensión cuando el menor llegue a la mayoría de edad? Estas consultas se contextualizan dentro de un procedimiento de ruptura familiar, ya sea matrimonial o de una unión de hecho. En este campo resulta indistinto que la filiación sea o no matrimonial, consagrándose como principio constitucional el de igualdad de los hijos con independencia de si han nacido o no en el seno de un matrimonio (artículo 14 y 39.2 Constitución Española).

 

Por tanto, ante un proceso de ruptura con uno o más hijos en común surge la necesidad de regular los efectos que dicha ruptura va a provocar en orden a la prole. Pues bien, una de estas medidas es el tema de la pensión de alimentos. A continuación, vamos a intentar delimitar qué son esos alimentos que cita la Ley y si existe o no limitación temporal a la prestación de alimentos cuando se alcanza la mayoría de edad.

 

Podemos definir “alimentos” como todos aquellos medios que son necesarios para la subsistencia de una persona. No sólo se trata de la alimentación propiamente dicha, sino también lo relativo a vivienda, ropa, asistencia médica, educación, etc. Por tanto, cuando se produce la ruptura y tenemos que fijar la pensión de alimentos que el progenitor no custodio ha de abonar al custodio debemos de tener en cuenta no sólo la comida del beneficiario de la pensión (alimentista) sino también todos los gastos necesarios en orden a su desarrollo vital. Respecto a quién fija el importe de dicha pensión, son las propias partes interesadas quiénes están legitimadas para ello, y en su defecto, establece el artículo 93 del Código Civil que será el Juez, el que determine la contribución de cada progenitor para satisfacer los alimentos, adoptando las medidas convenientes para asegurar la efectividad y acomodación de las prestación a las circunstancias económicas y necesidades de los hijos en cada momento.

 

Fijado qué son esos “alimentos” que cita el Código Civil, pasamos a la segunda cuestión  relativa al momento en que se extingue esa contribución alimenticia. En todo caso, la obligación se mantiene mientras que el alimentista sea menor de edad. En cuanto a hijos mayores de edad, la Sentencia del Tribunal Supremo 395/2017 de 22 de junio, interpreta los artículos 93, 142 y 152 del Código Civil para indicar que como regla general la pensión de alimentos de los hijos no se extinguen por la mayoría de edad sino que ha de ser abonada hasta que éstos alcancen suficiencia económica que les permita una vida independiente. Dicha regla general tiene su excepción pues la obligación de pagar dicha pensión termina cuando la situación de necesidad  ha sido creada o provocada por la conducta del propio hijo.

 

Seguramente con un ejemplo podemos clarificar estos conceptos. En la situación de hecho analizada por la Sentencia del Tribunal Supremo 395/2017, el hijo cuenta con 23 años de edad, durante su adolescencia había sido un pésimo estudiante, terminó la ESO con 20 años, en 2011 tuvo siete insuficientes, en 20012 y 2013 no cursó estudios, matriculándose en Formación Profesional cuando se presenta la demanda y convivía con la madre. Partiendo de estos hechos, el Tribunal Supremo declara extinguida la pensión de alimentos, dado que no consta aprovechamiento alguno del hijo mayor de edad, pues pese a esta en edad laboral ni trabaja ni consta que estudie con dedicación. Nuestro Alto Tribunal declara que la no culminación de estudios por parte del hijo es por causa imputable a su propia actitud, dado el escaso aprovechamiento manifestado de forma continuada. El hijo mayor de edad reunía capacidades suficientes para haber completado su formación académica, debiéndose las interrupciones y la prolongación en el tiempo a su escasa disposición para el estudio. Tampoco consta intento de inserción laboral.

 

Por tanto, como conclusión podemos afirmar que la obligación de prestar esta pensión alimenticia ni es vitalicia ni se extingue con la mayoría de edad. La obligación cesará cuando el alimentista alcance la independencia económica o estemos ante un hijo con una situación vital pasiva, que ni estudia ni trabaja por su propia voluntad. Para éstos últimos alguna resolución judicial los ha entrecomillado como “hijos parásitos”.

 

José Antonio Mínguez

Abogado

 

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