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LA PERVIVIENCIA DEL TÍTULO DE FAMILIA NUMEROSA Y DE CUANDO SE EXTINGUE.

 

Ha aparecido recientemente en los medios de comunicación una información que conviene que no pase desapercibida. El Tribunal Supremo ha dictado recientemente sentencia resolviendo cómo ha de interpretarse el párrafo segundo del artículo 6 de la Ley 40/2003, de 18 de noviembre, de Protección de Familias Numerosas, añadido por la Disposición final quinta de la Ley 26/2015, de 28 de julio, de modificación del sistema de protección a la infancia y a la adolescencia.

 

El litigio trae causa en una renovación de un título de familia numerosa que, al estar compuesta la unidad familiar por los cónyuges y cuatro hijos y teniendo el menor un grado de discapacidad superior al 33%, se encuadraba dentro de la categoría “familia numerosa especial”. Al cumplir el mayor de los hermanos la edad de 25 años y, en consecuencia, dejar de ser beneficiario, si bien se les concedió la renovación del título, la Junta de Andalucía cambió la calificación a “familia numerosa general”.

 

Así, la cuestión que se plantea y que el Alto Tribunal entiende que tiene interés casacional gira en torno a si en los supuestos de renovación o modificación de un título de familia numerosa, como consecuencia del cambio del número de hijos que la integran, dicha renovación o modificación afecta únicamente a la identificación de los hijos que siguen cumpliendo las condiciones requeridas para formar parte del título o, también y en su caso, a la categoría en que se encontraba clasificada la familia numerosa.

 

Considera el Supremo que para resolver la cuestión no hay que atender únicamente al contenido del artículo 6 de la Ley 40/2003, sino también a la Exposición de Motivos de la Ley 26/2015, cuya disposición transitoria quinta añade el citado artículo, y ello porque es ahí donde encontramos el espíritu de la reforma que no es otro que “acomodarse a la situación efectiva de las familias numerosas y evitar una situación de discriminación entre los hermanos”, es decir, evitar la paradoja de que, siendo los hermanos menores los que han generado el derecho al título, no puedan disfrutar de los privilegios que éste conlleva en caso de que los hermanos mayores dejen de cumplir el requisito de edad, arrastrando al resto de hermanos la pérdida del título. Esta referencia al espíritu de la norma es necesaria ya que a la hora de interpretar las normas debemos estar, no sólo al sentido propio de sus palabras, sino también a la realidad social del momento en que han de ser aplicadas y a su espíritu y finalidad (Art. 3.1 CC)

 

Atendiendo a la finalidad de la reforma y a la interpretación del precepto, resuelve la cuestión el Tribunal Supremo de la siguiente forma: “Por tanto, cuando el artículo 6 se refiere después de la reforma legal a la vigencia del 'título' aunque el número de hijos que cumplen las condiciones para formar parte del mismo sea inferior al establecido en el artículo 2, relativo al concepto de familia numerosa, mientras al menos uno de ellos reúna las condiciones previstas en el artículo 3 relativas, entre otras, a la edad y estado civil de los hijos, dicha vigencia, nos inclinamos a considerar, no implica sólo el mantenimiento de la condición de familia numerosa sino también el de la categoría hasta entonces acreditada dado que el título se refiere tanto a la condición como a la categoría de la familia numerosa.”

 

De esta forma, la sentencia conlleva que mientras uno de los hijos cumpla las condiciones establecidas en el artículo 3 de la Ley 40/2003, esto es, sea menor de 25 años, conviva con los ascendientes y dependa económicamente de los mismos, la familia numerosa mantendrá no sólo el título sino también la categoría. De esta forma no se discrimina a los hermanos menores, pero no podemos olvidar que sólo los hijos que cumplan con las condiciones de edad, convivencia y dependencia fijados por la ley podrán disfrutar del título, sin que este privilegio se extienda a los demás hermanos.

 

A pesar de que el objetivo de la reforma fuera el de evitar la discriminación de los hermanos pequeños, no debemos olvidar a los otros grandes beneficiados por la incorporación del párrafo segundo del artículo 6 y por la interpretación del mismo que realiza el TS: los padres, que podrán seguir disfrutando de los privilegios previstos en el capítulo II de la Ley 40/2003 mientras uno de los hijos cumpla las condiciones ya mencionadas, lo que conlleva una gran repercusión a efectos prácticos, pudiendo destacar los descuentos al utilizar el transporte público, la preferencia en la concesión de becas, descuentos en las entradas a museos, etc. Queda esperar que la Administración competente facilite la aplicación de la interpretación realizada por el Supremo.

 

María Rodrigo Úbeda

Luis Rodrigo Sánchez

 

 

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