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Reclamaciones por caídas en espacios ajenos

 

Traemos hoy a colación una interesante sentencia dictada por la Audiencia Provincial de Barcelona el pasado 23 de julio, en la que desestima la reclamación formulada por una vecina contra dos de sus vecinos, la Comunidad de Propietarios y la Aseguradora de ésta.

 

Según se relata en la Sentencia, la reclamante solicitaba una indemnización de algo más de 23.000 euros, más intereses legales, por razón de las lesiones que había sufrido como consecuencia de una aparatosa caída en el parking del edificio donde residía, al acceder a la plaza de aparcamiento de su vehículo y pasar por la plaza contigua, en la que habría resbalado en una mancha de aceite en el suelo procedente del vehículo que habitualmente ocupaba dicha plaza de aparcamiento, y que no habría sido debidamente limpiada por los servicios de limpieza de la comunidad.

 

Dicha reclamación había sido desestimada por el Juzgado de Primera Instancia, siendo la cuestión sometida al estudio y decisión de la Audiencia de Barcelona al interponerse por la demandante el oportuno recurso de apelación contra la Sentencia que había rechazado su pretensión.

 

Tras analizar detalladamente todas las circunstancias del caso y las pruebas ofrecidas por las partes, la Audiencia ha venido a confirmar la improcedencia de la reclamación, al constatarse que la caída se había producido por culpa exclusiva de la lesionada, aceptando los fundamentos de la primera Sentencia, en la que se indicaba que la demandante perdió el equilibrio al caminar de manera distraída, cargada de libros, no por la zona reservada a los peatones, sino atravesando la plaza de garaje contigua donde estaba la mancha, sin haber accionado el interruptor de las luces para ver mejor la zona de paso, aunque en la hora del suceso existía iluminación suficiente para haber apreciado la existencia de la mancha de aceite.

 

Afirma la Audiencia, en consonancia con el Juzgado, que una mancha de aceite en el aparcamiento de un edificio no constituye un riesgo extraordinario, sino un obstáculo dentro de la normalidad que pudo evitarse fácilmente accionando el sistema de iluminación o aprovechando la existente, y evitando pasar por encima de la mancha existente en la plaza contigua, existiendo espacio suficiente para hacerlo por la zona habilitada para los peatones. Así, no puede imputarse a los demandados ningún tipo de responsabilidad, y ello porque, como tiene establecido nuestra Jurisprudencia, en estos supuestos no cabe hablar de responsabilidad objetiva que permita obtener una indemnización por el solo hecho de haber sufrido un daño en un espacio de propiedad ajena, sino que, sobre la base de la teoría del riesgo, ha de aplicarse un criterio de imputación causal, analizando si el supuesto causante del daño ha creado algún riesgo extraordinario y si las lesiones de la víctima tienen nexo causal con ese riesgo, cuestiones ambas cuya probanza compete a quien reclama, debiendo tenerse en cuenta, además, cuál haya sido la conducta de la víctima y la obligación o posibilidad que tenía de eludir fácilmente el riesgo.

 

Sigue así la Audiencia la línea marcada por la doctrina jurisprudencial que, en casos similares, ha rechazado, por ejemplo, que las lesiones sufridas por una caída en un restaurante, dé lugar a indemnización alguna, puesto que el hecho de tener abierto al público ese tipo de establecimiento no puede considerarse per se una actividad industrial creadora de riesgo.

 

Como señala el Tribunal Supremo, en relación a caídas en edificios en régimen de propiedad horizontal, o en establecimientos comerciales, de hostelería o de ocio, por ejemplo, existirá responsabilidad de la comunidad de propietarios o el titular del establecimiento “cuando es posible identificar un criterio de responsabilidad en el titular del mismo, por omisión de medidas de vigilancia, mantenimiento, señalización, cuidado o precaución que debían considerarse exigibles”, cual puede suceder en caídas en suelo recién fregado no señalizado debidamente; caídas por falta de protección en zonas con desnivel; caídas por falta de pasamanos en una escalera; etc.

 

Por el contrario, explica el mismo Tribunal, “no puede apreciarse responsabilidad cuando la caída se produce por distracción del perjudicado o se explica en el marco de los riesgos generales de la vida por tratarse de un obstáculo que se encuentra dentro de la normalidad o tiene carácter previsible para la víctima”, señalando casos tales como una caída por un simple escalón que debía ser conocido por la víctima; o por tropezar con una manguera de los servicios municipales de limpieza que no suponía un riesgo extraordinario y era manejada por operarios con prendas identificables; o daños en la mano por la puerta giratoria de un hotel que no podía calificarse como elemento agravatorio del riesgo; o caídas en las escaleras de un centro comercial, de un hotel o una discoteca; etc.

 

El caso estudiado por la Audiencia de Barcelona se enmarca claramente en este último grupo de supuestos en los que no puede apreciarse la existencia de ningún riesgo distinto de los normales u ordinarios de la vida cotidiana, explicándose la caída por una distracción de la propia lesionada, que perdió el equilibrio por no haber prestado la debida atención a la zona por la que caminaba pisaba y en la que se encontraba de manera muy visible un riesgo ordinario como la citada mancha de aceite, rechazándose que pudiera hablarse siquiera de concurrencia de culpas entre los demandados y la reclamante, pues sólo a ésta es imputable su propio daño.

 

Como recuerda la Audiencia de Barcelona, desde que los seres humanos o sus ancestros vieron las ventajas de andar erguidos, el mantenimiento del equilibrio ha constituido un problema, siendo algo que está en la experiencia individual y colectiva de todos y cada uno de los seres humanos, de ahí que responsabilizar a otros por el resultado de la propia caída requiera algo más que la propia constatación de que se ha caído en un lugar de propiedad ajena, incluso en la órbita empresarial.

 

Luis Miguel Escarpa Polo

 

 

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