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LA IMPORTANCIA DE LA VECINDAD CIVIL

 

 

Cuando cambiamos de residencia, ya sea por motivos familiares, laborales o de cualquier otra índole, normalmente, nos preocupamos de modificar el empadronamiento pensando en el médico y en el censo para las votaciones o el colegio de los niños y cambiamos el domicilio fiscal para que en la declaración de la renta conste correctamente, pensando en evitar problemas en las comunicaciones y para beneficiarnos de las posible deducciones vinculadas a la Comunidad Autónoma de referencia o a la vivienda que ocupamos.

 

Pero ¿somos conscientes de que el cambio puede alterar nuestra vecindad civil?. Probablemente alguien pensará que esta pregunta no tiene sentido porque coloquialmente somos vecinos de la localidad que habitamos de modo que, si cambiamos de ciudad o de población, cambiaremos nuestra vecindad y dejaremos de ser vecino de una para ser vecino de la otra.

 

La pregunta tiene su trampa en el adjetivo “civil” que hace que la vecindad tenga un significado que va mucho más allá de qué médico nos toca o dónde debemos votar o presentar la declaración de la renta. No en vano, su alcance determina muchos de los derechos que tenemos y las condiciones en las que podemos ejercitarlos y transmitirlos por cuanto, en atención a nuestra vecindad civil, nos será aplicable el derecho común -el Código Civil- o alguno de los derechos forales que se aplican en algunas zonas de España  (Galicia, Cataluña, País Vasco, Baleares, Aragón y Navarra) y que coexisten con el Código Civil, de aplicación supletoria en ellas. Podemos decir por tanto que nuestra vecindad civil sí podría verse alterada si el cambio se produce a una de estas zonas o desde alguna de ellas a las demás o al resto de España.

 

El hecho de que todos los distintos derechos forales contengan diferencias con el derecho común tanto en el derecho de familia, el de sucesiones, el de bienes y obligaciones, implica que sea muy importante informarse y conocer el alcance y transcendencia de las especialidades en aquellos supuestos en los que nuestra vecindad civil pueda verse alterada y tener presente cuáles son las formas en las que se adquiere una u otra vecindad civil y, lo que puede resultar más interesante, cómo provocar o evitar su modificación.

 

El artículo 14 del Código Civil, después de proclamar que la vecindad civil es la que determina la sujeción al derecho civil común o al especial o foral, establece las normas para fijarla:

 

1º.- Los nacidos o adoptados no emancipados adquieren la vecindad civil de sus padres.

2º.- Si los padres tuvieran distinta vecindad civil, ambos o aquél de ellos que ejerza o tenga atribuida la patria potestad podrá decidir en el plazo de los seis meses siguientes al nacimiento o adopción, entre la vecindad civil de cualesquiera de ellos. Si no llevara a cabo esta elección, el hijo tendrá la que corresponda al aquel cuya filiación haya sido determinada antes, en su defecto la del lugar de nacimiento y, en último término, la de derecho común.

La privación o suspensión de la patria potestad o el cambio de vecindad de los padres, no afectará a la vecindad de los hijos.

 

Además, este artículo establece supuestos en los que se puede modificar voluntariamente la vecindad civil y en los que se adquiere ésta de forma automática salvo manifestación en contrario.

Voluntariamente pueden modificar la vecindad civil, previa manifestación que se hará en la forma que a continuación se detalla:

  • Los hijos a partir de los catorce años y hasta un año después de la emancipación, optando por la vecindad civil de su lugar de nacimiento o por la vecindad de cualesquiera de sus padres, debiendo ser asistido por su representante legal, si fuera menor de edad;

  • Los cónyuges no separados, ya sea legalmente o de hecho, pueden en cualquier momento optar por la vecindad civil del otro, debiéndose tener en cuenta que el matrimonio no altera por sí mismo la vecindad civil;

  • Cualquier interesado, por residencia continuada  durante dos años.

Automáticamente, la vecindad civil se adquiere “por residencia continuada de diez años, sin declaración en contraria durante este plazo” debiendo tenerse presente que en ese plazo de diez años no se computa el tiempo que el interesado no pueda legalmente regir su persona

 

A mi juicio, de todos los supuestos de adquisición/modificación de la vecindad civil, éste último es el que más transcendencia tiene porque, si no somos conocedores de esta previsión legal de poder declarar antes del transcurso del plazo de diez años nuestra voluntad de mantener nuestra vecindad civil pese a la modificación de nuestra residencia, el cambio se produce “ope legis” con las consecuencias que ello puede tener, favorables o desfavorables, según el derecho civil aplicable y en atención nuestra situación personal, familiar o patrimonial.

 

La Ley del Registro Civil prevé que la vecindad civil es un acto inscribible, tal como lo es el nacimiento, la filiación, el matrimonio o el régimen económico-matrimonial, entre otros hechos y actos referidos a la identidad, estado civil y demás circunstancias de la persona. Cada uno de nosotros tenemos un registro individual en el que se inscribirán o anotarán, continuada, sucesiva y cronológicamente, todos los hechos y actos que tengan acceso al Registro Civil. La solicitud de inscripción de estos hechos y actos y su práctica se pueden efectuar en cualquiera de las Oficinas Generales, existiendo al menos una en cada ciudad  con un Encargado al frente que será quien practique los asientos correspondientes.

 

Las declaraciones de voluntad relativas a la vecindad serán admitidas por el Encargado del Registro sin ninguna documentación, levantando un acta al efecto que se inscribirá cuando se acredite la concurrencia de los requisitos, con expresión de la hora y fecha de la declaración, previéndose por la norma que dicho acta se expedirá por duplicado si la declaración se efectúa ante el Encargado de un Registro Civil distinto a aquél en el que conste nuestro propio registro individual al que antes nos referimos, remitiendo uno de los ejemplares al Registro Civil competente para que proceda a su inscripción.

 

Como puede apreciarse, el procedimiento es muy sencillo, pero para la toma de decisión de la conveniencia o no tener una u otra vecindad civil –si ha lugar a la elección- debe conocerse y valorar la transcendencia que puede tener la modificación asesorándose adecuadamente al efecto.

 

Mª Inmaculada Rodrigo Sánchez.

Abogado.

 

 

 

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