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Y ahora, ¿qué hacemos con el perro?

 

El pasado 12 de diciembre se aprobó, por unanimidad del Congreso de los Diputados, la Proposición de Ley, presentada por el Grupo Parlamentario Popular, de modificación del Código Civil, la Ley Hipotecaria y la Ley de Enjuiciamiento Civil, sobre el régimen jurídico de los animales. El fundamento principal de la propuesta es que los animales, que hasta el momento eran considerados como bienes muebles, es decir, cosas para el Código Civil, pasen a tener una naturaleza diferente.

 

En este sentido, se incluye una nueva redacción del artículo 333 con el siguiente tenor:

 

“1. Los animales son seres vivos dotados de sensibilidad. Solo les será aplicable el régimen jurídico de los bienes en la medida en que sea compatible con su naturaleza y con las disposiciones destinadas a su protección.

2. El propietario de un animal puede disfrutar y disponer de él respetando su cualidad de ser dotado de sensibilidad, asegurando su bienestar conforme a las características de cada especie. El derecho de uso no ampara el maltrato. El derecho de disponer del animal no incluye el de abandonarlo o sacrificarlo salvo en los casos establecidos en las normas legales o reglamentarias.

3. Los gastos destinados a la curación de un animal herido por un tercero son recuperables por su propietario en la medida en que hayan sido proporcionados y aun cuando hayan sido superiores al valor del animal.

4. Sin perjuicio de la indemnización debida según las normas generales de responsabilidad civil, en el caso de que la lesión de un animal de compañía, causada por un tercero, haya provocado su muerte, la privación de un miembro o un órgano importante, o una afectación grave o permanente de su capacidad de locomoción, su propietario y quienes convivan con el animal tienen derecho a una indemnización, que será fijada equitativamente por el tribunal, por el sufrimiento moral sufrido.”

 

En la práctica, la principal modificación se produce en el seno de los procedimientos de familia. Hasta ahora, en los procesos de disolución matrimonial se suscitaba la duda sobre el establecimiento de medidas en relación a los animales domésticos. Así, mientras que las medidas con los hijos habidos en la pareja estaban perfectamente establecidas, como también lo estaban las normas para la liquidación del patrimonio común, el ámbito de las mascotas venía quedando en una nebulosa que, con la Legislación en vigor, no quedaba más remedio que asimilar a los bienes muebles (pues ésa es la consideración que el Código Civil daba a los animales).

 

 En este sentido, se propone una nueva redacción del artículo 90 del Código Civil, es decir, del precepto en el que se especifica el contenido que debe tener un convenio regulador de divorcio. Se propone ahora la inclusión de un nuevo punto a tener en cuenta a la hora de redactar el convenio, esto es, el destino de los animales domésticos, si los hubiera. Los criterios que se proponen para establecer la atribución serían los siguientes:

  • Interés de los miembros de la familia, interesante será determinar si, caso de existir también menores, la atribución del animal se asigna en relación a la atribución de la guarda y custodia de éstos.

  • Bienestar del animal.

Estos serán los criterios fundamentales para la atribución de las mascotas, ya se haga la misma de mutuo acuerdo o por disposición judicial.

 

En cuanto a las modalidades de atribución de los animales domésticos, el texto de la Proposición, dispone que se pueda atribuir a uno sólo de los cónyuges o a ambos. Para el caso de que se atribuyera a uno sólo, habría que determinar la forma en que los animales podrán estar en compañía del cónyuge a favor de quien no se han confiado los mismos. Es decir, el régimen que se propone se asimila, o prácticamente se equipara, al de los menores. Aunque en el caso de los animales no se hable propiamente de custodia, es cierto que la atribución a uno sólo de los cónyuges o a ambos parece una figura prácticamente idéntica a la guarda y custodia monoparental o compartida. Asimismo, esa posibilidad de que los animales estén en compañía del cónyuge a quien los mismos no se han atribuido nos suena al establecimiento de un régimen de visitas a favor del progenitor no custodio.

 

En cualquier caso, tendremos que esperar para ver los criterios que nuestros Tribunales van estableciendo en relación a estas medidas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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