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Deliltos contra la libertad sexual

 

Últimamente vemos en las redes, cada vez con mayor difusión, hashtags como #metoo o #yotambien. Tratan de servir como vía para que mujeres que hayan sufrido delitos contra su libertad sexual se manifiesten y denuncien los hechos. El detonante de este fenómeno es el escándalo de abusos sexuales que ha acaecido en Hollywood con la expulsión, tras varias acusaciones, del productor Harvey Weinstein. Escándalo que se ha extendido a otras industrias cinematográficas, llegando a nuestro país.

 

En este momento, por tanto, parece interesante exponer en qué consisten, exactamente, los delitos contra la libertad sexual, y qué diferencia unos tipos de los otros. En primer lugar debemos tener presente que estos delitos, en función de la víctima, pueden proteger dos bienes jurídicos distintos, la libertad o la indemnidad sexual. La libertad sexual se refiere a aquella parcela de la libertad que atañe al desarrollo de la propia sexualidad. La diferencia con la indemnidad radica, como decimos, en su sujeto, ya que se predica respecto de personas que no han alcanzado la suficiente madurez para ostentar un libre desarrollo de la sexualidad. Por ello, la indemnidad sexual se define como une libertad sexual in fieri, en proceso, que se predica principalmente respecto de menores e incapaces. Es decir, respecto de personas que no tienen suficiente capacidad para decidir con libertad sobre su participación en actividades de carácter sexual.

 

Entrando ya en los distintos delitos existentes, ya ataquen a la libertad o a la indemnidad sexual en los términos antedichos, debemos distinguir entre el abuso y la agresión. La distinción radica en el modo en que el delito se comete. En este sentido, las agresiones sexuales se producen cuando la invasión se comete con violencia o intimidación. La violencia se entiende como el uso de la fuerza física, debiendo tratarse de fuerza suficiente para vencer la resistencia de la víctima. Si bien debemos tener presente que no puede exigirse una resistencia heroica, simplemente una actitud normal, si algo puede considerarse normal en una situación tan traumática como la que hablamos. En lo que se refiere a la intimidación, el otro medio comisivo de los delitos de agresión sexual, se define como la amenaza de un mal en la víctima, en este caso, la fuerza no sería tanto física como psicológica. En cuanto a la intensidad de esta intimidación, nos encontramos en el mismo supuesto que con la fuerza, bastará que la intimidación sea suficiente para que la víctima realice la conducta a pesar de su falta de consentimiento.

En cuanto a los delitos de abuso sexual mantienen en común con las agresiones la falta de consentimiento en la víctima, que se ve abocada a la realización de una conducta sexual en la que no quería participar. La diferencia, como ya hemos adelantado, reside en que, en estos casos, el autor no utiliza (probablemente porque no tiene necesidad) la violencia o la intimidación para imponer la conducta. Estamos refiriéndonos, principalmente, a víctimas privadas de sentido o menores. Por ejemplo, el caso del autor que introduce alguna sustancia en la bebida de la víctima que la priva de sentido y, aprovecha tal circunstancia, para realizar con ella algún tipo de conducta sexual, al verse la víctima privada de sus capacidades. O hablaríamos también del supuesto en que la víctima padece algún tipo de discapacidad que le impide oponer resistencia al autor, a pesar de no existir consentimiento. También estaríamos en el supuesto de los menores, siempre y cuando no exista consentimiento, con la excepción que a continuación veremos. En estos casos el menor se siente fuertemente intimidado, a pesar de no existir amenaza en sentido objetivo, toda vez que es un adulto quien le impone la conducta sexual.

 

En lo que respecta a los menores, debemos reseñar que existe una edad mínima, por debajo de la cual siempre se entiende la ausencia de consentimiento para la realización de conductas sexuales, esta edad se fija, en nuestro Código Penal, en dieciséis años. La causa de esta disposición es que se entiende que por debajo de esta edad el sujeto no tiene la capacidad suficiente para prestar un consentimiento libre y consciente. En estos casos, al hilo de lo que decíamos al principio de este artículo, se protege la indemnidad sexual del menor, porque se entiende que aún no es sujeto de libertad sexual.

 

De otro lado, tanto en las agresiones como en los abusos debemos distinguir dos tipos de conductas. La diferencia entre ellas reside en la existencia de penetración, entendida como el acceso carnal, o la introducción de órganos sexuales, por vía vaginal, anal o bucal, o introducción de otros miembros corporales u objetos por las dos primeras vías. Esto no quiere decir que los demás casos en los que existe una conducta sexual impuesta (como, por ejemplo, un tocamiento externo o un beso forzado en el que no se introduzca la lengua) sin que haya penetración queden impunes, por el contrario, quedan reconducidos, tanto en el caso de la agresión, como en el del abuso, a otro tipo de delito. Siendo igualmente lesivos contra la libertad/indemnidad sexual, constituyéndose éste bien jurídico como uno de los más esenciales y personalísimos del ser humano.

 

Lorena Loeches Ruiz

Abogada

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