C/ Carmen 3, 19001 Guadalajara -- Avda. General Villalba cv Calle Medinilla 2, 45003 Toledo -- Pso. de la Castellana 141 -Plta. 19 Edificio CUZCO IV, 28046 Madrid
  • Rodrigo Abogados
  • Rodrigo Abogados

Los hijos y los derechos hereditarios en territorios de régimen común

 

Hay ocasiones en las que, tras un preámbulo más propio de una consulta clínica que jurídica, surge la gran pregunta acerca de qué se puede hacer para que el hijo no reciba nada de la herencia de sus padres al fallecimiento de estos. Salvo supuestos de especial gravedad, como se verá, la cuestión es complicada en tanto que, los hijos, para el Código Civil, son herederos forzosos respecto de sus padres como también, en defecto de los hijos, lo son los descendientes respecto de los ascendientes.

 

La porción de bienes que la norma reserva para estos herederos forzosos es lo que constituye la denominada legítima que está conformada por dos terceras partes del haber hereditario del padre y/o de la madre. De estos dos tercios que la Ley reserva a los herederos forzosos, uno de ellos, la legítima estricta, deberá necesariamente repartirse entre todos por partes iguales pudiendo disponer del otro tercio el padre y/o la madre disponer  para aplicarla como mejora a alguno de los hijos o descendientes. Esta atribución de la mejora, como también del tercio restante que completa la herencia, requiere en todo caso, de la suscripción de un testamento ya que, de no otorgarse éste, habrá que estar a las normas de la sucesión intestada en virtud de la cual los herederos son los descendientes, sin perjuicio de la legítima que corresponde al cónyuge, si lo hubiera.

 

Es importante significar que el carácter de “forzoso” no determina la obligación de los hijos o descendientes de aceptar la herencia. La imposición legal le viene impuesta al testador quién viene obligado a reservar esa porción de sus bienes para sus hijos o descendientes, sin posibilidad de privarle de la misma salvo en aquellos supuestos de desheredación,  tasados y restrictivos, previstos por la ley (artículos 848 y siguientes del Código Civil).

 

Las causas de desheredación, como hemos dicho, se restringen a las que la propia Ley prevé, pudiendo diferenciarse entre las causas de desheredación que podríamos calificar de “voluntarias” en tanto que dependen de que el testador las invoque en el momento de efectuar sus disposiciones testamentarias y las que operan legalmente. Estas últimas, contrariamente a las anteriores, determinan la incapacidad legal de suceder por indignidad y se diferencian notablemente de aquéllas en el hecho de que, sin perjuicio de poder ser invocadas asimismo por el testador como causa de deshederación, pueden ser asimismo objeto de perdón o rehabilitación si el causante instituye heredero o legatario a quien sabe que se encuentra incurso en la situación que genera la incapacidad de suceder por indignidad.

 

- Las primeras, contempladas en el artículo 853, son, la negativa sin motivo legítimo de los alimentos al padre o ascendiente que le deshereda o el maltrato de obra o injuria gravemente de palabra;

- Y las segundas, números 2º, 3º, 5º y 6º del artículo 756, nos remiten a los supuestos radicales en que el desheredado haya cometido un delito o haya atentado contra la libertad de testar, contemplándose aquellos en que el desheredado haya sido condenado por sentencia firme por haber atentado contra la vida, por haber causado lesiones o ejercido violencia física, por haber atentado contra la libertad, integridad moral o libertad e indemnidad sexual, cuando el agredido u ofendido de tales actuaciones sea el causante, su cónyuge o persona a la que esté unida por análoga relación de afectividad o alguno de sus descendientes o ascendientes; o cuando hubiera acusado al causante, falsamente –con condena por denuncia falsa-, de un delito para el que la ley señala pena grave; así como los supuestos en los que, con amenaza, fraude o violencia, se obligue al testador a hacer testamento o a cambiarlo o bien se le impida hacer el testamento, revocarlo o suplantare, ocultase o alterare el realizado con posterioridad.

 

Debemos destacar la importancia de las cuestiones formales de la deshederación ya que no será válida la desheredación que no conste en testamento, respecto de la que no conste la causa en la que se funde y aquella que se funde en causas no señaladas en la ley –recordemos el carácter restrictivo de las causas de desheredación-. En cuanto al testamento, dado que el precepto que lo impone no distingue cuál ha de ser la forma de éste, entendemos que es válido cualquier clase de testamento, siendo lo más recomendable, sin lugar a dudas, que sea un testamento notarial por razón de la fé que da el notario, de la voluntad de desheredar y del conocimiento que el  testador tiene de la significación del contenido de su actuación.

 

Y por último, es importante advertir que, en caso de que el desheredado negare la causa de desheredación, corresponde a los herederos la prueba de su existencia, lo cual será fácil si existe la condena firme determinante de la indignidad pero será más complicado, probablemente, en cualesquiera de los otros supuestos, de ahí que es conveniente, recabar y conservar a buen recaudo, todas cuantas pruebas sea posible acerca de la denegación de alimentos,  los maltratos, las injurias o la amenaza, fraude o violencia a la que nos referíamos antes, toda vez que, la falta de prueba por parte del heredero de la causa de la desheredación anulará la designación del heredero en cuanto perjudique al desheredado respetándose, eso sí,  los legados, mejoras y otras disposiciones que no perjudiquen la legítima.

 

Mª Inmaculada Rodrigo Sánchez

Abogado

Share on Facebook
Share on Twitter
Please reload