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Violencia de género y relaciones homosexuales.

 

La violencia de género se erige como uno de los principales problemas sociales de nuestro tiempo. Conviene por tanto conocer esta figura delictiva, que no deja de plantear múltiples cuestiones interpretativas. Conviene cuestionarse, por ejemplo, el ámbito subjetivo del delito, es decir, quiénes son los intervinientes y qué tipo de relaciones pueden enmarcarse en el ámbito de la violencia de género.

 

Con carácter previo, debemos reseñar que nos hallamos ante un delito pluriofensivo, es decir, que ataca distintitos bienes jurídicos merecedores de protección penal. Más allá de la protección de la integridad, la libertad, etc, la violencia de género se configura para la protección de un bien jurídico supraindividual. En este sentido, el punto de protección recae en la situación de desamparo que sufren las mujeres víctimas de este tipo de violencia, fruto de la situación de desigualdad social que acontece, y en tanto en cuanto atenta contra su dignidad y libre desarrollo de su personalidad.

 

Sentado lo anterior, una de estas dudas que se plantean es la posibilidad de que los delitos lesivos cometidos entre parejas del mismo sexo pueden enmarcarse en el ámbito de la violencia de género. Aquí debemos hacer referencia al espíritu inspirador de la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género. Y es que, como ya hemos referido con anterioridad, esta Ley se erige con el objeto de evitar las lesione que se producen por hombres frente a las mujeres, y que son muestra de un contexto de desigualdad entre ambos sexos. Es decir, el fin último de la norma es la lucha frente a esa desigualdad de género. Es por ello por lo que no parece que tengan cabida, en este ámbito, las agresiones cometidas entre personas del mismo sexo, aunque se encuentren unidas por una relación matrimonial o de análoga afectividad. Y ello a pesar de que, dentro de esa relación exista una situación de dominación de una persona respecto de la otra, por cuanto, en cualquier caso, tal circunstancia no se englobaría dentro de la desigualdad histórica que sufre la mujer respecto del hombre y que constituye el principal punto de mira de la violencia de género[1].

 

En esta línea, resulta bastante clara la Instrucción 2/2005[2] de la Fiscalía General del Estado al delimitar el ámbito subjetivo de la violencia de género:

 

“Esta circunstancia obliga a colegir que los hechos delictivos que dan derecho a las mismas deben tener, en todo caso, a una mujer como sujeto pasivo, a un hombre como sujeto activo y que entre ambos ha de existir, o haber existido, una relación matrimonial o relación similar de afectividad, aun sin convivencia.”

 

La Fiscalía General del Estado sigue acotando en términos muy claros el ámbito subjetivo de la violencia de género en la Circular 4/2005 antes citada:

 

 

“El artículo primero acota la violencia de género objeto de regulación a la que el hombre ejerce sobre la mujer con ocasión de las relaciones de pareja. Esta restricción del objeto legal se fundamenta en la concepción de esta norma como una herramienta necesaria para prevenir, sancionar y erradicar la violencia de género –sobre la base de una realidad estadística que la pone de manifiesto como el tipo de violencia más grave y generalizado– desde el reforzamiento de la protección de la mujer en el ámbito de las relaciones afectivas en el que tradicionalmente ha asumido una posición de desigualdad por condicionantes socioculturales.

Por ello, pese a su genérica denominación, la LOMPIVG ni abarca todas las manifestaciones de la violencia de género, pues este es un concepto más amplio que engloba todas las formas de violencia contra la mujer por razón de su sexo, en la familia y en la sociedad (maltrato doméstico, infanticidio de niñas, mutilación genital, explotación, agresión y acoso sexual, entre otras), ni siquiera toda la violencia intrafamiliar contra la mujer, pues queda excluida la violencia que pueda ejercerse por razón de sexo contra otros miembros femeninos del grupo familiar (ascendientes, descendientes, colaterales, otras menores o incapaces) con la salvedad que se dirá.”

 

Por lo expuesto, parece claro que los delitos de violencia de género deben tener a un hombre como sujeto activo y a una mujer como sujeto pasivo, debiendo estar los mismos unidos por una relación matrimonial o de análoga afectividad. Los delitos cometidos en el ámbito de una relación homosexual, conforme a lo expuesto, deberán reconducirse, en su caso, a los delitos de violencia doméstica.

 

Lorena Loeches Ruiz

Abogado

 

 

 

[1] MUÑOZ RUIZ, Josefa, “Recientes adiciones jurisprudenciales en materia de personas criminalmente responsables por delitos de violencia de género”, en Diario La Ley, nº 7524, Sección Doctrina, 9 de diciembre de 2010, Ed: LA LEY. Pág.: 5.

 

[2] Instrucción de la Fiscalía General del Estado 2/2005, sobre la acreditación por el Ministerio Fiscal de las situaciones de violencia de género.

 

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